Se le llaman extranjerismos a aquellas palabras que provienen de idiomas extranjeros y que usamos en el castellano sin ser traducidas. Al ser en «crudo» puede ocurrir que su pronunciación no sea la más correcta. Los extranjerismos son usados porque no existe una palabra que tenga ese significado en castellano. Sin embargo, muchas de ellas si pueden ser adaptas con su propia traducción al idioma. En un texto en español, los extranjerismos crudos deben escribirse en cursiva (o entre comillas si la cursiva no puede emplearse).
Los extranjerismos pueden dividirse de la siguiente manera:
Tipos de extranjerismos
Extranjerismos innecesarios. Aquellos para los que existe equivalentes o una traducción óptima.
- back up. copia de seguridad
- camping. acampada
- coach. entrenador
Extranjerismos necesarios y extendidos. Los necesarios son aquellos para los que no existen un término en español. Los extendidos son aquellos cuyo empleo está arraigado o no es fácil encontrar uno óptimo. Algunos ejemplos pueden ser software, hardware, jacuzzi y pizza. Ahora bien, dentro de los necesarios y los extendidos se aplican dos criterios a tener en cuenta:
- Mantienen la grafía y pronunciación. Están asentados con un uso internacional, sin modificar su forma, como pueden ser ballet, blues y jazz. En este caso solo se advierte de que es un extranjerismo con resalte tipográfico (cursiva o comillas) para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español.
- Adaptan la grafía o pronunciación. En este caso se intenta mantener la estructura de dicha palabra, en la medida de lo posible. Se divide en dos adaptaciones:
- Manteniendo la grafía original, pero pronunciando en lengua española. airbag = airbág
- Manteniendo la pronunciación original, pero adaptando la forma extranjera al español. paddle = pádel
Esta es la teoría, ahora viene la práctica y cómo lo plasmaremos sobre el papel. En mi opinión, es aconsejable evitar extranjerismos en los relatos siempre que sea conveniente y la lengua nos de la oportunidad. Como hemos visto, existen palabras que no tienen una traducción literal en castellano. Por ello, se aconseja el uso de una palabra similar, siempre que esta no cambie el sentido de la narración. Si surge la duda es mejor usar el extranjerismo, pero recordando que hay que escribirla en cursiva (o entre comillas).
Ejemplos prácticos para tus novelas
Te dejo una serie de extranjerismos que perfectamente se pueden evitar en la narración con su correspondiente equivalente en español:
- App. Aplicación
- Bug. Error
- Camping. Acampada
- Closet. Armario
- Coach. Entrenador
- Glam. Glamuroso
- Hobby. Afición
- Jeans. Vaqueros
- Laptop. Portátil
- Look. Estilo
- Manager. Gerente
- Offline. Desconectado
- Online. En línea
- Parking. Estacionamiento
- Party. Fiesta
- Password. Contraseña
- Shopping. Compras
- Short. Pantalón corto
- Show. Espectáculo
- Stop. Parar
- Vintage. Retro
Cómo usar correctamente los extranjerismos
Hay palabras que tienen sus equivalencias o incluso sinónimos que son fáciles de identificar para el lector. El extranjerismo tupper, por ejemplo, tiene su adaptación al castellano «táper», que es la más difundida, pero también se usan otras equivalencias que son fáciles de identificar con la palabra original: «fiambrera», «lonchera», o «envase hermético». Estas pueden ser usadas sin problema y el escritor estará tranquilo de que será reconocida por los lectores.
Existen extranjerismos que no tienen traducción literal, por ello, se usa una adaptación de la misma. En otros casos se echaría mano de un sinónimo, pero no siempre el significo es el mismo que la palabra en cuestión (dependiendo del contexto), y puede dar oportunidad a la duda.
Según la RAE; la palabra dejà vu se usa en español como extranjerismo crudo (con la cursiva), aunque ya se documenta la adaptación «deyavú». Las adaptaciones no siempre están bien recibidas por lectores y escritores, porque dan la sensación de ser erróneas sin llegar a serlo, por ello, los escritores optan por el extranjerismo literal. Además, la palabra dejà vu tiene su alternativa, «paramnesia», pero al igual que la adaptación «deyavú», no es una palabra que los escritores quieran usar en sus relatos, ya que no todos los lectores llegarán a identificarla. Todo ello, sumado a la fuerte extensión que tiene esta palabra en la lengua castellana, hace que el extranjerismo crudo sea la mejor opción. Dicho esto, ya vemos que no es una regla por la que haya que regirse siempre, existen excepciones.
Los extranjerismos no es un tema que haya que tomarse a la ligera, debemos saber elegir cuándo hacer uso de ellos y cuándo podemos prescindir de ellos y usar una equivalencia para no abusar de ellas.
Cosas que tener en cuenta:
- Si se decide el uso de un extranjerismo, se debe de escribir en cursiva (o entre comillas si la cursiva no puede emplearse).
- Si el extranjerismo tiene una adaptación poco convincente para nuestra narrativa, y puede causar dudas, no tener miedo de usarla en crudo (con cursiva).
- Tener cuidado con los sinónimos, no siempre significan lo mismo y quizás solo se pueden usar en un contexto específico.
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