«Contra el Primer Borrador» es ese lugar donde surgen los problemas más descabellados —y otros no tanto—, y se les intenta dar una solución práctica con la que zanjar esa duda y dar paso a la siguiente. Esta «serie» ha sido creada para dejar constancia del arduo camino que uno ha decidido condenarse a eso que llaman escribir y descubrir todo lo que una novela te obliga a corregir. Una entrada en la que se abarcan soluciones a cómo mejorar mi novela en diferentes aspectos. Hoy surgen nuevos problemas a debatir.
No hará un par de meses que empecé a escribir una nueva novela. Nueva y primera, porque mi primer escrito es un libro en el cual no cuento una historia con introducción, nudo y desenlace como bien todos conocemos, sino más bien a modo de libro de autoayuda. Uno que me hizo especial ilusión empezar y acabar, aunque es de esos que siempre puedes ir añadiendo contenido y puliendo con nuevas ediciones.
El caso es que esta serie se centra en mis problemas con las novelas, es más bien una disputa interna luchando por no perecer ante el perfeccionismo, porque todos sabemos que es el mayor enemigo de la productividad.
La búsqueda de la escena «perfecta»
1. El problema en cuestión
Me encuentro en uno de muchos párrafos donde el protagonista decide entablar un conversación con otro ser humano. Es una interacción necesaria para la trama, porque aquí se implicará a alguien más en la historia. Esta conversación dará pie a una relación más íntima y allegada, por lo cual, es de suma importancia para el desarrollo.
Espera, no tengo muy claro cómo encarar esta situación. Quizás no estoy demasiado empatizado con el protagonista, pero sé que él tiene que tener esta conversación.
Paso un largo tiempo frente a la pantalla, pero no se me ocurre muy bien cómo afrontar la situación. Siento que los dos personajes se miran sin hablar. Están a la espera de que su creador mueva los hilos de su destino. Pero no lo hago y, finalmente, decido dejarlo para otro momento (mañana).
2. Análisis técnico y psicológico
Este bloqueo es de lo más común que un escritor puede vivir. Diría que a diario. A nivel técnico, esta situación suela aparecer cuando una escena requiere un cambio en la dinámica narrativa, es decir, yo sé que es una interacción significativa para la trama. Una de esas que alteran la historia y no un simple saludo. Diría que es un punto de inflexión. Por ello, yo, como escritor, siento el deber de encontrar «la conversación perfecta«. Es una presión que congela todo avance.
Cuando esto ocurre puede ser debido también a que el protagonista no está lo suficientemente vivo aún en esa escena. En esta situación es difícil afrontar la conversación, porque no sé muy bien todavía cómo debería de afrontar esa charla. Quizás no tengo claro por qué quiere hablar, qué siente, qué teme o qué intenta evitar. Ojo, esto no significa que la escena esté mal planteada; significa que quizás necesite definir mejor el impulso emocional que lo lleva a abrir la boca.
En conjunto, el bloqueo aparece cuando coinciden tres elementos:
- La escena es importante y yo lo sé.
- El protagonista aún no está emocionalmente “cargado” para la acción.
- Quiero que el diálogo salga bien a la primera.
3. Una solución práctica
No fue hasta al día siguiente que retomé el dichoso diálogo que me di cuenta de que me llevaría más tiempo de lo normal acabarlo. No estoy dispuesto a perder otro día más de mi productividad por culpa de mi perfeccionismo.
¿Solución? Es sencilla. Solo debo de abrir corchetes «[]» y escribir lo siguiente: [DIÁLOGO SIGNIFICATIVO AQUÍ. HABLAR SOBRE EL ACONTECIMIENTO DE ANOCHE Y DAR SU OPINIÓN AL RESPECTO].
No necesariamente debo rellenar ese diálogo hoy, ni siquiera mañana. Sé que está ahí, esperando ser escrito. La inspiración puede llegar en cualquier momento. Tal vez, dejando ese diálogo pendiente y centrándome en continuar la historia, llegará un punto donde la conversación cobrará sentido en mi cabeza y tendré las palabras perfectas para iniciarla.
4. La lección aprendida
Lo que puedo sacar en claro de este pequeño bache:
El primer borrador es eso, un borrador. Los capítulos no pueden quedar perfectos a la primera. Habrá escenas que no serán perfectas una vez publicado, pero esto es así. Cuando se quiere escribir todo bien desde un primer momento arriesgas tu tiempo de trabajo, porque habrá momentos en los que no sabes continuar la historia. Buscas un giro perfecto y por culpa de ese pensamiento dejarás la historia colgada durante semanas, o incluso meses, buscando ese giro narrativo. ¿Acaso tiene sentido eso?
Ya lo he dicho al principio: el mayor enemigo de la productividad es el perfeccionismo. Si hay una escena que se atraviesa, no te preocupes. Corchetes y a seguir. Quien no te dice que antes de coger el sueño esa misma noche se te ocurra una genialidad para rellenar ese hueco. Tocará coger blog de notas y apuntarlo todo para no perder detalles. Lo mejor es que no habrás desaprovechado esa tarde de escritura, porque has sabido gestionar tu tiempo. Todo son ventajas.
Escribir es un arte del que muchos no son conscientes. No es solo aporrear teclas y escribir sonando poético. Debe de existir congruencia en el texto. Debe de contarse una historia y es el propio autor quien debe creérsela. Si surgen problemas, se dan soluciones. Nunca se general más de los que coexisten. Damos por concluido este problema hoy. Gracias por leer Contra el primer borrador: Todo lo que una novela te obliga a corregir.
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